Sueño infantil, es hora de cambiar la mirada

Por qué hablar de sueño infantil?

El sueño infantil empezó a estudiarse recién a fines del siglo pasado.
En esos 30 años se ha descubierto mucho, pero no ha alcanzado -aún- para modificar la forma
en que lo vemos desde nuestra cultura.
Profesionales, abuelos, vecinas, amigas…. Todos opinan del sueño de nuestro bebé, sin tener más
base que su propia experiencia y lo que la cultura que compartimos nos ha enseñado.
Casi todas esas ideas compartidas sobre el sueño infantil, se oponen a dichos descubrimientos.
Se oponen a la fisiología. A las necesidades biológicas y emocionales de los bebés humanos.


Somos mamíferos, gregarios, cargadores, con crías inmaduras que no pueden ni siquiera
desplazarse por su cuenta hasta casi el año de vida. El grado de dependencia y vulnerabilidad
de nuestros bebés cambia profundamente nuestra vida desde el momento en que nacen, y
esperar que no lo haga es poco realista.

Nuestra pauta biológica es el sueño en compañía. Así como son también pautas de
supervivencia la lactancia materna y el ser cargados.
Que los bebés duerman solos, lejos de sus cuidadores, es en realidad una novedad en nuestra
historia. Hasta hace 200 años, a nadie se le ocurría.

La importancia de lo cultural

Que los bebés duerman solos fue un cambio de conducta frente al sueño infantil; no un cambio en el sueño de los bebés, sino en cómo lo vemos. Cómo pensamos que debe ser y qué consecuencias tendrá si no es así como debe.
Nuestra cultura nos dice que los bebés deben “aprender” a ser independientes lo antes posible, o
no podrán desenvolverse como individuos en su vida. También nos dice que el bebé o niño
apegado a sus padres tiene un problema que debe de ser corregido. El sueño pertenece al
ámbito de lo privado e íntimo.
En otras culturas, lo normal y esperado es que toda la familia duerma en conjunto. Se valora la
cercanía de los hijos y se pone lo comunitario por encima de lo individual. El sueño es una
actividad social.
En la cultura Kung San, del Kalahari, por ejemplo, no existe una palabra para “insomnio”. Porque
nadie pretende dormir toda la noche. Saben que los despertares son normales y se juntan a
charlar alrededor del fuego hasta que vuelva el sueño.
Con esto no quiero decir que haya culturas superiores, sólo poner sobre la mesa que aquello que
damos como “obvio” sólo es una interpretación de lo que nos rodea.
Aunque sabemos bien a dónde nos han llevado esos valores profundamente individualistas y
negadores de nuestra esencia.


Y cuál es nuestra esencia?

Si nuestra existencia como especie lleva 30 mil años, y sólo los últimos 200 hemos dormido
separados de nuestras crías, tengamos al menos la humildad de conceder que quizás no nos las
sabemos todas con respecto al sueño infantil.
Los patrones de sueño infantil van cambiando a medida que el bebé se desarrolla, y eso tiene un
motivo. Que aún no podamos entenderlo del todo no lo hace menos válido.


Veamos lo que sí sabemos.
Sabemos que un recién nacido se despierta porque necesita mamar muy seguido, y además los
despertares frecuentes le ayudan a regular su ritmo respiratorio y cardíaco
.
Sabemos también que todos los niños logran dormir toda la noche tarde o temprano.
Conocimos, además, que la función del sueño es diferente -cubre necesidades diferentes- en
bebés y adultos. Y que los bebés ya duermen en el útero, así que no es necesario “enseñarles” a
dormir.
Sabemos que al dormir, pasamos por distintas fases, controladas por el sistema nervioso. Y
como el recién nacido no tiene maduro aún ese sistema, necesita ayuda para conciliar el sueño
entre ciclos.

Esto significa que los despertares no son un problema; el problema lo tenemos los
adultos, que debemos rendir al siguiente día según lo estipula nuestra sociedad.
No podemos esperar que los bebés modifiquen su biología para adaptarse a nuestras
necesidades culturales.

Por qué el llanto?

Un bebé no entiende, no razona; sólo siente. Y expresa. El llanto como expresión de malestar y
llamado de atención al mismo tiempo, para que el adulto acuda y calme ese malestar. Es una
acción coherente y estable en el tiempo; es lo que ha garantizado su supervivencia por miles de
años.

Información actualizada, de una vez

Los etnopediatras y antropólogos han establecido, en los últimos 30 años de investigación, que el sueño en compañía es nuestra respuesta adaptativa más adecuada, ya que colma las
necesidades de todos los involucrados, garantizando la supervivencia de las crías.
Dormir en compañía implica contacto, calor, ruidos, movimiento.
Todo lo contrario a las pautas que solemos asociar al “ambiente preparado” para dormir:
silencio, soledad, oscuridad.

Como padres, nos vemos enfrentados a opciones todo el tiempo. Teta o biberón? Fular o
cochecito? Cama compartida o cuna aparte?
Ninguna de esas elecciones será realmente libre y conciente sin información. Información más
allá de prejuicios y mitos, información actualizada que nos empodere en nuestras decisiones.
Poner como prioridad las necesidades del bebé implica una apuesta por sus derechos. Bebés y
niños tienen derecho a sentirse seguros y contenidos las 24 horas del día.
Claro, nuestra cultura nos ha enseñado que esta opción nos acarreará consecuencias terribles.
– Y si no lo puedo sacar más de la cama?
– Y si se malcría?
Hoy te invito a hacerte otras preguntas. Y a pensar en otras consecuencias. Qué
pensará y sentirá un niño que ha visto sus necesidades colmadas de forma oportuna? Qué
sentido de sí tendrá un bebé que ha sido acunado y contenido física y emocionalmente?
Si te haces las mismas preguntas que yo, sumate a mi canal en Instagram (buscame como @mariel_bonnefon) y estate atenta!!

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×