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Sobre tiempos, trabajos y ma(pa)ternidad

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En casa bromeamos frecuentemente sobre las cosas que hacíamos en nuestra «otra vida». O sea, antes que Thiago apareciera. Nos parece muy lejano en el tiempo, y muchas veces también lejos de lo que somos ahora. Como si fueran otras personas, las que salían juntas o solas sin importar la hora de regreso; que iban al cine o a cenar, o a tomar algo; que trabajaban las horas que fueran necesarias sin culpa, sin preguntarse siquiera si serían muchas o pocas.

La llegada de Thiago cambió todo esto como era esperable.
Se acabaron el cine y las salidas (bueno, las salidas son ahora de a tres, a lugares babyfriendly). Y con respecto al trabajo… papá sigue trabajando igual, porque no hay más remedio. Pero yo, disminuí al mínimo imprescindible, y a veces incluso menos, las horas laborales. Y todo  nuestro «tiempo libre» se dedica a Thiago.
A veces, echamos en falta los tiempos «personales». Un rato para ver una peli en la tele. O leer un libro. O simplemente estar echado en el sofá, sin hacer nada. Y nos frustramos, porque «ya no tengo tiempo para mí».
Por suerte, no nos ha pasado a los dos a la vez. Por ahora. Así que uno le banca la cabeza al otro. Y mientras tanto, me pregunto: Por qué sentimos que el tiempo con Thiago no es «tiempo para mí»? Acaso no elegimos tener un bebé? Si en realidad disfrutamos como locos jugar y charlar y pasear con él, qué es lo que hace que de todas formas nos frustremos, y a veces hasta nos enojemos porque «nos demanda tanto»?
A veces pienso que la respuesta está en el way of life individualista, de «libre albedrío» que nuestra cultura nos muestra como ideal. Por sus varias caras: por un lado, parece ser que si no nos «realizamos» como individuos, haciendo cosas solos, teniendo éxito en nuestros intereses personales, no podemos ser felices (sobre qué significa realizarse pensaré en otro post, porque la verdad, ni idea). Ni qué hablar de la ilusión de realizarse en el trabajo; por más que tengamos la suerte de trabajar en algo que nos guste, un trabajo es un trabajo, no algo que hacemos libremente cuando se nos cante.
Por otro lado, nos hemos alejado de la tribu; criar un hijo insume una energía física, mental, emocional, que sería mucho más fácilmente recargable si viviéramos más comunitariamente. La familia nuclear tiene sus bemoles.
Qué hacer entonces? De momento, desahogarse en un blog (juassss). Tratar de contactar con lo que sentimos y buscar desandar los caminos que nos frustren. Siempre en compañía, claro. En eso estamos…
Alguien tiene más sugerencias?

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