Ser mamá en los tiempos que corren

Es más difícil ser mamá hoy que en la época de nuestras abuelas?

Qué avances se han logrado? Qué falta? Esos avances, han provocado otros efectos indeseados?

Ser mamá en la actualidad no se parece en nada a lo que nos contaron
Ser mamá en la actualidad no se parece en nada a lo que nos contaron

Ser mamá vs. ser mujer

En muchos lados -discusiones con amigas, publicidades, libros- nos encontramos con una dicotomía aparentemente general e inesquivable. Ser mamá hace que una tenga que olvidarse de ser mujer.

Qué significa ser mujer entonces, me pregunto?

No estoy diciendo que lo único que pueda definirnos o «realizarnos» (cómo odio esa palabra) sea la maternidad. Pero sí creo que ser mamás es en realidad indivisible de la femineidad. Y a su vez, ser mujer trae la potencialidad de ser madres. Aunque sea nuestra opción no ejercerla, lo cual es por supuesto, absolutamente respetable.

El movimiento feminista

Muchas veces, las discusiones más arduas vienen desde militantes feministas. He llegado a escuchar que la mujer que se queda en casa para criar a sus hijos, traiciona toda la lucha feminista.

Es un feminismo mal entendido, creo yo. Lo que siempre se luchó, fue la posibilidad de elegir.

La lucha de este movimiento ha logrado, con sangre, sudor y lágrimas, que las mujeres podamos estar presentes en el mundo externo, fuera del hogar, sin estar en función de un hombre. Logramos votar, trabajar a la par de los hombres, cumplir las mismas funciones. Está más que demostrado que podemos.

La situación actual

Pero… el capitalismo salvaje nos ha entrampado. Usando la bandera del acceso al trabajo, nos usa de mano de obra barata. Las mujeres seguimos siendo más pobres que los hombres, trabajamos el doble para cobrar la mitad, no accedemos tan fácilmente a los puestos de decisión (y las que lo logran, muchas veces es a costa de masculinizarse), y sufrimos todos los días del acoso laboral.

Y, encima, cuando llegamos a casa, tenemos que ocuparnos de la segunda jornada laboral: la casa, la ropa, la comida…

Tareas imprescindibles, pero que no reciben remuneración y por lo tanto, simbólicamente, no tienen valor.

Para lograr ese acceso tan idealizado al mundo laboral, hemos tenido que desconectarnos de nuestra energía femenina. Demostrar que podíamos trabajar «como los hombres». Eso no es igualdad. Es equiparación.

Como dice Marie Langer, «Nuestras abuelas, a la vista de un ratón, se subían a una silla; pero generalmente no tenían dificultades para amamantar a sus hijos, mientras que actualmente, las jóvenes saben manejar ambulancias y hasta aviones, pero frecuentemente no saben alimentar a sus criaturas o renuncian de antemano a esta tarea«.

Lo que sería realmente valioso, sería trabajar a la par de los hombres… desde nuestra especificidad. Aportando lo que como mujeres tenemos para aportar. Y que los hombres, a su vez, puedan disfrutar de «llevar la casa adelante» también. Si mal no recuerdo, cuando éramos chicos a ellos también les gustaba jugar a las casitas 😉

Y si quiero ser mamá?

La maternidad debería ser otra opción vital, tomada en forma conciente y responsable, y en total armonía con la vida que la mujer haya elegido llevar.

Es injusto, perverso, y peligroso para el futuro de la humanidad, que una mujer que tiene un hijo, se vea forzada a abandonarlo a las pocas semanas de nacido para cumplir un horario laboral totalmente desconectado de las necesidades de un bebé lactante y una madre puérpera. O que, si decide quedarse junto a su hijo, se vea en riesgo de perder su trabajo, o pierda «el tren» de su profesión.

Desmarquémonos de la eterna dicotomía hombre-trabaja-productor/mujer-sequedaencasa-noproduce. No nos lleva a ningún lado.

Quién dice que mi tiempo junto a Thiago, todos los días, a todas horas, no vale? Cuánto valdría si lo tuviera que pagar en un sueldo?

Soy el hogar de mi hijo. Estoy más que feliz con mi decisión. Y no dejo de ver caras de asombro primero, y luego de pena, cuando digo que renuncié a un empleo para quedarme y criar a mi hijo como yo quiero.

No estoy diciendo que todos debamos hacer lo mismo. Si tu trabajo te hace feliz, si simplemente no querés dejar de trabajar, o no podés dejar de hacerlo -situación mucho más violenta a la que habría que dedicar otro o varios posts aparte-, está genial. Pero estaría mucho más genial que tu trabajo se adaptara al hecho de que ahora, y por un tiempo, no sos una. Sos vos y tu/s hijo/s, que necesitan a su madre.

Dado el valor que tienen esos primeros años en la formación de los futuros adultos, el asegurar una verdadera conciliación laboral debería ser tarea de estado.

conciliación

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