Cómo manejar la ira

Manejo de la ira para mamás (y papás también)

Cómo manejar la ira

Últimamente estoy enfrentándome mucho con mi propia ira. Thiago está creciendo y cada vez más, entramos en patrones de deseos encontrados/enojo/frustración/falta de entendimiento mutuo… para qué voy a describirles la situación, si seguro ya la conocen, no?

Frecuentemente, luego de que la situación conflictiva pasa (es bueno recordar que siempre pasa; la mayoría de las veces sólo durará unos minutos), me doy cuenta de que mi mayor enojo es conmigo misma. Por no haber podido reaccionar mejor, por sentirme agotada y no haberme dado cuenta antes de llegar a mi límite…

Me enojo con mi sombra; la que me hace ser yo misma una niña caprichosa, que hace su propia rabieta cuando no logra que el otro (en este caso, mi hijo) haga lo que yo quiero.

Es un camino duro y largo, pero de a poco vamos aprendiendo a salir de ese lugar infantil, y a contactar con nuestro hijo desde nuestro rol adulto.

Manejo de la ira

A continuación les daré algunos tips para manejar esta emoción.

Lo primero es recordar, justamente, que se trata de una emoción.

Esto significa que estamos hablando de energía. Que recorre nuestro cuerpo, lo queramos admitir o no, y que necesita ser descargada.

En toda nuestra crianza y educación, seguramente fuimos entrenados para reprimir la ira, al punto de no sentirla. De modo que seguramente nos sorprenda la fuerza con que resurge, al enfrentar los primeros conflictos como padres.

Imaginen una olla a presión. Todos estos años, la energía estuvo ahí, estancada. Sujetada fuertemente por tensiones musculares crónicas. Como niños, no pudimos expresarla, así que la guardamos. Nuestros hijos nos muestran un espejo, y antes de darnos cuenta, explotamos.

Así que les propongo aceptarla. Reconocerla en sus cuerpos. Dónde la sienten? En el cuello? La espalda? Los puños? La garganta? Las mandíbulas?

Dense permiso de sentirla. Muchas veces le tenemos miedo; lleva tanto tiempo acumulándose, que tememos destruir todo si la dejamos salir.

Pero si encontramos una forma ecológica de descargarla, pronto nos daremos cuenta de que en realidad, como todas las emociones, la ira también puede ser nuestra aliada.

La ira nos muestra cuáles son nuestros límites

Si nos habituamos a percibir cómo nuestro cuerpo se va cargando de ira, no nos sorprenderá de mala manera. Contactando con ella, nos daremos cuenta de cuáles son las situaciones límite, qué patrones nos llevan ahí.

Y seguramente, luego de descargarla, contactaremos con otra emoción que frecuentemente se «esconde» detrás: la angustia.

Cómo descargar la ira en forma ecológica?

Debemos encontrar la forma que nos sirva a nosotros y a la situación. Dependerá de dónde la sintamos, principalmente.

Si sentimos mucha tensión en la garganta, puede ser útil encontrar un lugar en donde poder gritar libremente, contactando con nuestra respiración al hacerlo y tratando de dejar la boca y garganta bien abiertas. Puede pasar que nos surja decir alguna palabra.

Si sentimos vibrar la rabia en nuestros puños o pies, podemos descargarlo acostándonos en un colchón y pegando al mejor estilo «pataleta». Nuevamente, es muy importante mantener el contacto con la respiración y con la situación que nos rodea.

Notarán que en estos ejemplos, está implícita la búsqueda de un lugar privado. Esto no se debe a que la ira sea algo «malo» que haya que esconder. Como adultos, nos compete hacernos cargo de que la expresión de estas emociones, tendrá más que ver con nosotros mismos y nuestra coraza, que con la situación que haya oficiado de disparador.

Una vez que vayamos habituàndonos a esto, será más fácil manejar la ira incluso en presencia de nuestros niños. Y esto redundará a su vez, en una valiosa educación emocional para ellos, ya que verán que todas las emociones son aceptables y valiosas, y que hay formas respetuosas de expresarlas.

Te ha resultado útil? Usas alguna otra estrategia? Dejame un comentario!

3 Comments

  1. Me ha gustado mucho esta entrada, Mariel. Me encanta que hayas reflejado la importancia de aceptar (y saber manejar) todas nuestras emociones, ya sean «buenas» o «malas». Es algo que comprendí hace relativamente poco tiempo, y sobre lo que pongo un especial énfasis.

    ¡Enhorabuena por el post! Un abrazo.

    1. Hola Himar! Gracias! Sabés que esta entrada, junto con la de los berrinches y la de las dificultades con la pareja, son de las que más repercusión han tenido. Creo que todos necesitamos hablar de las cosas «negativas» de una buena vez…
      Abrazo!

  2. […] necesario, es viajar hacia nuestro interior. Indefectiblemente, nuestro hijo nos va a enfrentar con nuestra propia ira, nuestras zonas más negadas, menos aceptadas, de nuestro […]

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