Libertad y autorregulación, dos caras de una misma moneda

Bueno, después de un año sin escribir, acá estoy de vuelta!!

Han pasado tannnnnnnnntas cosas…

He querido empezar a escribir cientos de veces…

Tengo varias decenas de ideas de posts…

Pero bueno, acá estoy, escribiendo algo que no es lo que planifiqué, para variar 😀 😀 😀

Libertad y autorregulación

Ya he hablado varias veces de la autorregulación, concepto clave en el paradigma reichiano.

Además, se ha puesto relativamente «de moda», hablar de dejar a los niños que se regulen… también de movimiento libre, juego libre, escuelas libres

La mayoría de las veces -hay unas cuantas excepciones, por suerte- no son más que palabras, lamentablemente.

Por qué?

Porque como ya he dicho otras veces, es muy difícil, casi imposible, dirigirse hacia una verdadera autorregulación de los niños, si no la has vivido.

No importa si se trata de tus propios hijos, o si trabajas con ellos como educador, médico, psicólogo… TU historia, TU carácter, son los que se van a poner en juego.

Y sobre todo, aquello en lo que te basas para manejarte en el mundo; la cultura en la que estás inmerso, que te rodea, la respiras aunque no te des cuenta.

La infancia en nuestra cultura

No nos engañemos; en nuestra cultura los niños están lejos de ser libres.

Constantemente estamos detrás de ellos; y constantemente les exigimos que no sean niños.

Como bien expresa el genial Quino en esta tira de Mafalda, los adultos siempre estamos coartando la libre expresión de los niños. Su vida viva.

Pero no para que no se ensucien -esto tal vez sucedía más en nuestra propia infancia. Ahora es «cool» dejar que se ensucien, ya lo dicen Nevex y Lysoform.

La coacción actual, incluso en aquellos espacios que gustan llamarse «respetuosos», es bastante más solapada, inconciente incluso en algunas ocasiones.

Nos pasa todos los días a nosotros mismos, en nuestras casas, por más que nos esforcemos en criar lo más autorreguladamente posible.

Hagamos el ejercicio: cuándo fue la última vez que tu hij@ hizo realmente lo que quiso por un buen rato? Pero lo que quiso de verdad. Sin que intervengas. Sin que le preguntes qué está haciendo. O peor aún, para qué lo está haciendo. Sin que lo apures. Sin que le avises que por favor no manche aquí o no rompa allá. Y aquí lo más difícil de todo: mientras vos estabas presente. O sea, no vale decir «yo dejo a mi hijo que se autorregule, mientras yo trabajo en la compu o aprovecho y chequeo el facebook en el celular».  No, que él o ella haga lo que quiera, contando con tu presencia amorosa, tu cuidado, que le asegura la mayor expansión de su propio pulsar vital.

No me estoy poniendo en maestra ciruela. Me pasa a mí misma todos los días.

Y en las escuelas, incluso aquellas que se autodenominan «libres», «respetuosas», «concientes»… El autoritarismo campea a sus anchas.

Por qué? Porque todos compartimos una misma visión de la infancia, dada como dije más arriba, por la cultura en la que estamos inmersos.

Una cultura capitalista, patriarcal, donde lo que importa es lo que se produce, quién lo produce y cuánto produce. Por ello los oficios y roles de cuidado son menospreciados.

Una cultura en donde lo que importa es el tiempo, secuencial, lineal. Donde lo más rápido y eficiente vale más.

Qué visión de la infancia tenemos entonces?

Un niño no produce.

Vale porque hace consumir a los padres -vivimos bombardeados de publicidades con bellísimos niños hiperfelices usando tal o cual producto.

Vale por lo que será: un adulto proactivo, exitoso, independiente… Apuremos para que pase de una vez esta etapa improductiva y dependiente. Eso si, mientras tenemos que cuidarlos, mejor que nos hagan caso.

No les voy a mentir: como les decía, me pasa todos los días, toparme con estas contradicciones en mí misma. Intento hacerlas más concientes cada vez. Y sacar recursos de la galera. No siempre tengo éxito.

En este camino, siempre contracorriente, muchas veces me gana el desánimo. Busco la escuela menos mala, hago el duelo correspondiente. Me peleo conmigo misma para dejarlo ser. Siento que nadie -excepto mi tribu, claro está- me «entiende». Me siento sola.

Pero muchas otras veces, me voy encontrando, haciendo sinergia, con otras personas en búsquedas similares. Que me invitan y alimentan mi espíritu.

Actualmente estoy realizando dos formaciones que me hacen muy feliz: la de Psicología Perinatal del Instituto Terra Mater, y la de Infancia, Potencia y Acompañamiento, de Romina Pérez-Toldi, autora del blog Teta-á-Porter (que por cierto, les recomiendo ampliamente). Sigo sumando herramientas a mi cajón, para aportar en este camino que siempre, siempre, apunta a la prevención y a cuidar. Cuidar la vida allí donde ya ES.

Nos seguimos hablando!

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2 Comments

  1. Estoy de acuerdo Mariel,
    Y añado que, además de pelear día a día con mi propia maleta de vivencias, tengo que tratar de mitigar los efectos de las demás personas que la rodean, porque estamos hablando de un modelo de crianza relativamente reciente y difícil de entender y aplicar, sobre todo con el miedo campando a sus anchas por nuestro subconsciente…
    Me resulta incierto y preocupante el efecto que tendrá tanta contradicción en su futuro. Nos olvidamos constantemente de la esencia y el propio potencial que tienen y que podrían desarrollar de forma natural, si nuestra visión de la crianza cambiara.
    Un saludo

    1. Qué interesante lo que planteas Elena! Sólo el tiempo lo dirá. Yo soy optimista, creo que al menos les estamos dando recursos para enfrentar lo que se les cruce.
      Gracias por pasar!

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