Lactancia: Hasta cuándo?

Cerramos hoy esta serie de artículos sobre Lactancia, ya que es el último día de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013. 
Por supuesto que no quiere decir que sea el último post que escriba sobre el tema, saben que me apasiona, no? 😉
Nuevamente cuento con preguntas de mamás para guiarme:

– Hasta cuando es conveniente amamantar? Cuales son los beneficios de acuerdo a la edad del niño/a? 

– ¿Hasta cuándo amamantar? Ahora se dice que hasta los 2 años, pero ¿cuáles son los pros? y ¿qué contras hay?

Hablaremos entonces de Destete.
Reflexionando sobre las preguntas, me doy cuenta que es necesario volver a recalcar un concepto:

[well]La Lactancia es, para mí, una opción de cada mujer. El momento en que se termina también debería serlo.[/well]

Tengo muy claro que todas las mamás intentan hacer lo mejor para sus hijos. Y desde ahí, creo, vienen estas preguntas. Así que voy a contestar literalmente lo que resulta más conveniente, lo mejor desde el punto de vista científico, tanto para el bebé como para la mamá. Pero esto no quiere decir que por ello se convierta en una obligación. Cada mamá, con toda la información disponible, debe decidir qué es lo más conveniente para ella, para su bebé, para su familia.

Hasta cuándo es conveniente amamantar?

Básicamente, hasta que el niño se destete solo. Es la forma más respetuosa para sus deseos y necesidades, asegurándonos así de que realmente ya no es algo necesario para él. No hay dos niños iguales (ni tampoco dos mamás iguales, por supuesto), así que no puede haber reglas generales en esto.
Los beneficios nutricionales e inmunológicos no desaparecen al pasar el primer año de vida, como ya comenté. Todo lo contrario, la Leche Materna continúa aportando ingredientes básicos para el desarrollo físico, intelectual y afectivo de nuestros niños. Por algo la OMS recomienda amamantar por lo menos hasta los 2 años, y continuar luego hasta que se desee.

Además, y no me canso de repetirlo, la teta no es sólo alimento. Para un niño de 2 años, por ejemplo, que está en pleno proceso de individuación, la teta muchas veces es el refugio a donde acudir cuando se sienten inseguros, cuando algo los pone ansiosos… 
Según estudios antropológicos, la edad de destete natural en los humanos puede ir desde los 2 a los 7 años. Así que quédense tranquil@s: ninguno de nuestros hijos nos va a llamar para que le demos la teta en su luna de miel 😀

Sinceramente, no se me ocurre ninguna «contra» en hacer esto. Las «contras» serán aportadas por las características vitales de cada familia. Y serán seguramente las que la mamá deba poner en su balanza a la hora de decidir si continúa amamantando o no. Por ejemplo: si hay otros hermanitos y la mamá se siente molesta en atender a varios, si la teta nocturna se le hace ya agotadora, si no se siente cómoda por los cambios en la posición y acople al ser el niño más grande…

En cada caso sería bueno contar nuevamente con apoyo (familia, amig@s, personal de salud, promotores de lactancia, grupos de lactancia o crianza), que le permita a la mamá reflexionar sobre si realmente quiere destetar por completo, o tal vez eliminando las tomas más «molestas» ya se sentiría mejor.

El destete programado

En caso de que sí decida destetar, lo ideal es que programe cuándo hacerlo, y llegar a esa fecha quitando tomas en forma progresiva. Por ejemplo, si el niño hace 4 tomas diarias, puede ponerse como objetivo quitar una toma por semana, y demorará un mes en destetar. Cuál toma quitar primero? La que parezca menos «necesaria», o aquella en que sea más fácil «distraer» la atención hacia otro lugar.

Muchas veces, el papá se vuelve esencial en este proceso. Otra forma es evitar las situaciones «teteras»: si el niño suele mamar cuando la mamá se sienta en determinado sillón por la tarde, cambiar la rutina por unos días. 

Otro método que se puede usar es el «no ofrecer, no negar»; o sea, no ofrecer el pecho activamente, pero sí amamantar cuando el niño lo pide. A veces este método falla porque el niño, sobre todo cerca de los dos años, tiene un ataque de «tetitis» y demanda más incluso que lo que solía hacer. O siente justamente, que la mamá está menos receptiva a la idea de amamantar y eso hace que se ponga ansioso y demande más.
Lo importante es armarse de paciencia, tener presente que el niño resentirá el cambio, y compensar en lo posible con muchos mimos y sostén afectivo. Y por supuesto, estar abiertos a retroceder o cambiar de idea si el proceso se vuelve muy intolerable.


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