navidad en familia

La primera Navidad de Thiago

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… fue la peor de mi vida. El plan no era gran cosa, cena en casa de los abuelos, regalos a las 12 y a casita. Pero no contábamos con que Thiago no la pasara bien.

Ya al poco tiempo de llegar el gordo empezó a dar muestras de estar molesto. Pensamos que se debía al extremo calor (34º a las 8 de la noche, demasiado para nuestras latitudes).
Para hacerla corta, fuimos estirando lo más que pudimos, jugando con él, paseándolo, bañándolo para distraerlo… en vez de tomar en cuenta sus quejas. De respetar sus necesidades.
Finalmente a eso de las 11 de la noche la cosa explotó en una otitis. Horror de horrores. Los que tienen hijos saben, y los que no, se imaginan; que tu bebé grite de dolor es lo peor del mundo. No sólo porque querés sacarle el dolor YA, y porque te duele el alma, sino porque es imposible que un bebé entienda que «ya va a pasar». Para él lo único que existe es el ahora, y ese ahora está hecho de dolor.
Exploté en llanto junto con él y en ese momento me di cuenta: hacía más de una hora que yo me quería ir. Pero no me escuché a mí misma. Por respetar la tradición, la cena familiar… dejé de escuchar a mí bebé y me desconecté de mi propio instinto. Vaya casualidad, mi bebé eligió sus oídos para mostrarme que no lo escuchaba.
Por suerte, en ese momento sí pude contactar con lo que necesitaba. Lo abracé fuerte y lo acuné por una hora y media. Pasaron las 12, la locura de los cuetes, y yo seguía con mi bebé dormido en mi hombro, hamacándome, y asegurándole que ya iba a pasar. No hizo falta médico, ni analgésicos; pasado ese tiempo, mi bebito hermoso se despertó, me miró serio pero tranquilo, y se prendió a la teta. Luego de que la soltó, nos vinimos tranquilos a casa.
En casa, a la 1 de la mañana ya, y con mi bebé sonriendo y jugando con los papeles de regalo, abrimos los paquetes. Y nos fuimos a dormir los tres juntos, acurrucados; el mejor regalo de Navidad.

1 Comment

  1. Y el papi también aprende! No solo es angustiante ver a tu bebé llorar desconsolado, si no que también te sentís incapáz de consolarlo.

    Y si bien ya a la 1 de la mañana estaba sonriendo, verlo despertar al otro día, con una sonrisa y jugando con sus patitas fue el mejor regalo.

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