La fase genital infantil

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Desde la perspectiva reichiana, la evolución del niño se da a través de fases, en donde el centro del placer, la descarga energética, y la posibilidad de integración entre psique y cuerpo, se van desarrollando progresivamente.

Dichas fases reciben los nombres de Oral y Genital. A su vez podemos subdividirlas en Oral primitiva, Oral primaria, Oral secundaria, Fase Genital Infantil y Fase Genital Adulta.

El Psicoanálisis ha difundido desde principios del Siglo XX, su particular visión del desarrollo infantil, volviendo populares términos tales como «Complejo de Edipo», «Castración», y algunos otros. Estableció también otras fases intermedias, la Fase Anal y la Fálica, como parte del desarrollo normal.

Wilhelm Reich observó que en realidad estas últimas fases, eran en sí mismas síntoma de un desarrollo no autorregulado. Es decir, que si bien eran «normales» por ser lo que se observaba en la mayoría de los casos, no eran en realidad la expresión de la salud y autorregulación en todo su esplendor.

Casi todos nosotros, seguramente, hemos tenido un desarrollo «normal» 😉

Así que si intentamos una crianza autorregulada, respetuosa de los ritmos de nuestros hijos, es probable que nos sorprenda, o incluso nos ponga en jaque, la llegada de la Fase Genital Infantil.

Les compartiré entonces, algunas claves para entenderla y acompañarla.

 La fase genital infantil

Si el niño ha vivido su oralidad en forma sana y armónica, lentamente irá despegándose de esa fuente de gratificación (boca-pechodemamá) entre los 2 y los 3 años. Y vivirá a pleno su fase genital primaria entre los 3 y los 7 años, aproximadamente.

Qué implica esto? Hasta entonces, su centro de placer era la boca. La descarga energética principal también. Pero lentamente irá descubriendo sus genitales. Y su centro de placer se irá moviendo hacia allí. Sentirá mucho placer al tocarse, le dará mucha curiosidad observar su cuerpo y el de quienes lo rodean.

Sus posibilidades de coordinación psicomotriz han avanzado mucho; puede deambular, descubre el placer de saltar, correr, jugar a su antojo. El movimiento autónomo es una gran fuente de descarga y gratificación.

La relación con el padre también cambia mucho. Es el padre quien muestra el mundo, quien lo introduce en los juegos más «fuertes», quien lo acompaña también en su salida a encontrarse con otros pares.

Me interesa aquí que quede claro, que esto no quiere decir que sólo el padre real pueda cumplir esta función. Ni tampoco que haya que cumplir con estereotipos sexistas («los varones juegan fuerte y las niñas no»). Se trata de una función, un rol, que el propio niño buscará en su necesidad de salir al  mundo también. Está en nosotros acompañarlo. Y disfrutarlo, por supuesto 🙂

Si el desarrollo no es autorregulado

Si no se permite esta evolución sana, al no poder sostener y acompañar estos cambios del niño, es probable entonces, que se creen las etapas anal y fálica.

En nuestra sociedad, lamentablemente, es lo que vemos de forma más frecuente. El desarrollo libre es coartado, la individualidad no es respetada. Los berrinches -tan necesarios para la individuación- son básicamente aplastados.

Cómo acompañar respetuosamente a nuestro hijo?

sexualidad infantilPrimero que nada, es primordial tomar contacto con lo que estos cambios nos provocan. Nos incomoda observar el impulso sexual de nuestro hijo? Cómo vivimos nuestra propia sexualidad? Podemos sostener su «salida al mundo» en forma permisiva y abierta? O lo rodeamos de miedos y represiones?

Hasta este momento, el centro de la vida de nuestro hijo ha sido su familia. Por lo tanto, es natural que dirija sus primeros impulsos sexuales hacia sus padres.

Pero si éstos los reciben como algo natural, sin reprimirlos sino simplemente redirigiéndolos hacia el afuera, el famoso «Complejo de Edipo» dejará de tener razón de ser.

Por supuesto, la sociedad en que vivimos no está preparada para recibir esto. Así que deberemos generar ambientes permisivos y seguros, en donde puedan intercambiar libremente con pares. También será necesario en algún momento, que les dotemos de herramientas para comprender la represión sexual dominante.

El trabajo en prevención es parte del continuum

De todo esto se desprende, que todas las fases son importantes. Que en cada una habrá que pararse de la forma en que mejor respetemos las necesidades de nuestros hijos, atendiendo que dichas necesidades van cambiando con el tiempo.

O sea, es imposible llegar a una fase genital medianamente sana, si el pasaje por la Oralidad no fue igualmente, sano.

Y será muy difícil lograr una fase oral adecuada, si no hubo un adecuado equilibrio en el ecosistema que recibió a ese bebé.

Por todo ello, es que el trabajo desde la perspectiva de la prevención, y la crianza ecológica y autorregulada, es la mejor forma que encuentro de sembrar esperanzas en nuestro futuro. Nos acompañamos?

Bibliografía consultada: Ecología Infantil y Maduración Humana, de Xavier Serrano y Maite Sanchez.

 

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