La crianza autoritaria y su reflejo en el carácter

niñoenojo

Muchas veces, en el camino de criar a tus hijos de forma respetuosa, habrás escuchado críticas. Comentarios que te tratan de exagerad@, «un rezongo no mata a nadie», «qué le va a pasar por eso?». O tal vez incluso te lo hayas planteado a vos mism@: estoy exagerando? Si mis padres me criaron de otra forma, y tan mal no salí…

Mientras nuestros hijos son bebés pequeños, es relativamente más fácil criar sin reprimir, ni rezongar.

Pero cuando van creciendo, el desafío se hace mayor.

Yo misma me he sentido tentada a terminar un conflicto de una vez, con un grito o un rezongo, y a otra cosa.

Pero por suerte, hasta ahora, he podido tener presente una cosa: mi forma de criar no influye solamente en cómo nos sentimos ahora. También, en el carácter que mi hijo está desarrollando, y que lo acompañará toda su vida.

Cómo influye el estilo de crianza en el carácter?

Pongamos un ejemplo.

Supongamos que afuera está lloviendo y hace frío.

Nuestro hijo quiere salir afuera a jugar. Por más que le explicamos que no se puede, él insiste, y en un momento de distracción, se dirige a la puerta y la abre.

Qué hacemos?

Si estamos siguiendo una crianza «tradicional», más o menos autoritaria, seguramente gritaremos o rezongaremos: «Te dije que  no salieras!», «Haceme caso y no salgas!», o la combinación que se les ocurra.

Estamos reprimiendo una acción, enviando un mensaje a su cerebro: la acción «X» no se puede hacer.

Le estamos pidiendo que él mismo se haga cargo de reprimir su impulso natural de salir a jugar. Según la edad que tenga, le será más o menos difícil hacerlo, y podrá entender más o menos por qué no debe salir.

Pero no estamos haciendo sólo eso. También, le estamos enseñando que debe hacer caso. Que los gritos y rezongos son el recurso que se debe usar en la «pirámide de autoridad» que es la familia en la que vive. Su ecosistema.

A futuro, usará esos mismos recursos para relacionarse con el mundo. Y recordará también, que ante las figuras de autoridad, debe ser sumiso.

Por otra parte, esa represión del impulso, quedará guardada, congelada en sus músculos. Esa energía estancada alimentará su coraza, transformándose en negatividad, enojo reprimido, depresión…

Su carácter se habrá configurado, defensivamente, para reprimir aquello que hace que sus padres se enojen, y para evitar sufrir por ello.

De esa forma, la coraza nos protege, pero al mismo tiempo, nos separa de nuestro potencial de contacto.

Y si la crianza es (muy) autoritaria…

Demos un paso más en el ejemplo:

Le gritamos o rezongamos para que no saliera. Naturalmente, nuestro hijo se pone a llorar.

Inmediatamente, le volvemos a gritar: «No llores por eso!», «No es para tanto!», o alguna otra combinación que les suene.

Ahí no sólo estamos reprimiendo su acción. Estamos inhibiendo su emoción; ya no vamos a su corteza cerebral, sino que llegamos aún más profundo, al sistema límbico. La expresión emocional es una descarga energética involuntaria, necesaria para que nuestro sistema recupere su equilibrio. Si no permitimos esa descarga, estaremos estableciendo un patrón neurofisiológico de inhibición.

De esta forma, estamos profundizando aún más en la rigidización de su coraza, y en la pérdida de contacto implícita.

Nadie dice que sea fácil. Criar respetuosamente, intentando no caer en estos patrones autoritarios, es un desafío diario.

Pero creo que bien vale la pena intentarlo, no?

 

 

 

9 Comments

  1. Gracias Mariel por tus posts!!!! Semejante laburito hay que hacer mas que nada con uno mismo, ellos nos enseñan todos los días! Te has convertido en mi lectura obligatoria, apenas me llega el mail de post salgo corriendo a leerlo!!

    1. Gracias Flor por pasar y por tan lindo mensaje!
      Es tal cual, el mayor laburo es con nosotros. Todo un viaje!
      Abrazo!

  2. MUCHAS GRACIAS POR EL POST, ME SIRVE MUCHO PARA ENTENDER EN PROFUNDIDAD EL PORQ DEL HACER O NO HACER.. CON BASES BIOLOGICAS Y TODO!!!
    saludos

    1. Hola Andrea! Gracias x pasar y comentar.
      Efectivamente, ésa era la intención del post. Dar bases neuro-biológicas y energéticas, a la crianza que en realidad ya nos impulsa nuestro instinto. Un abrazo!

  3. es hermoso poder contar con sus enseñanzas yo soy abuela y nunca me cansare de seguir aprendiendo gracias.

    1. Gracias a vos Consuelo! Qué hermoso tener una abuela como vos! A disfrutar de los nietos! A pura vida 🙂

  4. […] hoy con una serie iniciada el lunes pasado, de artículos que enfocan la crianza desde otro punto de vista: mostrando el daño que la crianza […]

  5. Uff! me cuesta muchísimo! Y ahora, LA PREGUNTA: me pondrías un ejemplo donde actuara adecuadamente con mi hijo sin cometer estos errores? porque, obviamente no suelo caer en el segundo caso, pero el límite para llegar al primer ejemplo es mínimo! casi que no encuentro una forma de impedir que se moje/tome frío (siguiendo con el ejemplo) y respetarlo… Qué lío!

    1. Hola monoarania, gracias por pasar y comentar!
      Realmente, es LA pregunta!!
      Lo primero que te sugiero es que cuando veas que viene el rezongo, pares y respires. Es un esfuerzo, lo sé, pero a veces con sólo esperar unos segundos, ya bajamos unos decibeles.
      Muchas veces el problema no está en señalar el límite o no, sino en CÓMO lo hacemos.
      Por supuesto que como padres, queremos cuidarlos y que no se enfríen. Una posible forma sería: «entiendo que querés ir afuera a jugar. Me encantaría que lo hicieras, pero hace mucho frío para salir. Querés que juguemos a algo acá?»
      Lo q hacemos ahí, es mostrar q comprendemos su deseo, que nos encantaría decirle q sí, y le ofrecemos compañía para pasar el mal rato, por su frustración.
      Si no acepta el ofrecimiento, o llora o berrinchea, entonces acompañamos ese momento, aceptando y validando su emoción.
      Es muy difícil, no te voy a mentir. Tenemos que controlar en nosotros mismos la explosión, y además acompañar la de ellos. Pero una vez que se instala como «hábito» se va volviendo más sencillo.
      Espero que te sea útil!
      Un abrazo

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