Siete consejos para la gestion de emociones «negativas»

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Muchas veces los papás sienten que necesitan ayuda con la gestion de emociones negativas de sus pequeños. Pero es importante tener presente que la gestión corre por cuenta del adulto, no del niño.

Como ya he mencionado, las emociones son energía en movimiento, que debe ser descargada para que el sistema recupere su equilibrio.

Lo que nos corresponde a los adultos, es ayudarlos a comprender lo que sucede y a encontrar una forma de descarga que sea ecológica. Es decir, que no represente un riesgo para ellos o para nadie.

Para ello, debemos asumir nuestro lugar como adultos, tomando la expresión emocional como tal, y no como «capricho» o «algo que el niño hace para manipularnos». Pero este rol implica que nosotros mismos seamos capaces de gestionar nuestras emociones «negativas», ya que seguramente nos surgirán en el proceso de ser testigos del berrinche, la angustia o el miedo de nuestros retoños.

La gestion de emociones «negativas» nos cuesta a todos

Sue Gerhardt, en su maravilloso libro «El amor maternal», comenta que si no nos sentimos cómodos en el manejo de nuestros propios sentimientos, será muy difícil que podamos ayudar a nuestros hijos en esta etapa.

Me resulta bastante claro este concepto, ya que vivimos en una cultura que acostumbra reprimir la expresión de aquellas emociones que no se consideran adecuadas. De modo que la gran mayoría de nosotros vive acorazada, conteniendo lo que sentimos en vez de expresándolo sanamente.

De modo que es un doble proceso el que debemos hacer: re-aprender a reconocer y gestionar nuestras emociones, y al mismo tiempo acompañar a nuestros hijos en su crecimiento emocional.

A continuación les dejo algunos consejos para ello.

  1. No uses etiquetas. Adjudicar características determinadas a las personas sólo hace que pongamos «afuera» lo que esa persona nos hace sentir. Por ejemplo: «Qué malo sos, por ponerte a llorar justo cuando tenemos que salir». El niño, en esa situación, sólo aprenderá que debe acomodar sus sentimientos a los de los demás.
  2. Ponele nombre a lo que va sucediendo. Esto tranquiliza, da validez a lo que siente, va ampliando la «caja de herramientas» emocionales, y adjudica lo que le toca a cada uno. Por ejemplo: «Estás enojado porque no te sale ese trabajo tan difícil. Yo me siento frustrado porque no me permitís ayudarte».
  3. Tomá el hábito de respirar y esperar unos segundos antes de reaccionar. Muchas veces, tenemos tan instaurados los patrones de respuesta, que decimos cosas de las que nos arrepentimos inmediatamente. Respirar nos ayuda a recuperar el contacto con nuestro centro, y con lo que realmente deseamos hacer en esa situación.
  4. Si la «explosión» se da a raíz de una intervención que debiste hacer como padre -por ejemplo, un berrinche porque no lo dejás jugar con algo peligroso- nuevamente validá su emoción, manteniendo el límite firme pero ofreciendo alternativas, una vez que haya pasado la descarga. Por ejemplo: «Entiendo que te enojaste porque no te dejo jugar con cuchillos. Está bien llorar/gritar/patalear, para que el enojo se alivie. Si te parece, cuando tengas ganas podemos jugar con estas cucharas».
  5. Si la situación «negativa» se da en la interacción con otras personas, reafirmá en tu hijo que todas sus emociones son correctas, y que todos -incluido él, y vos, por supuesto- pueden equivocarse en su accionar. Si es necesario, intervení en la situación; mostrando con el ejemplo que hay cosas que no deben ser aceptadas, que la violencia nunca es solución, y que puede confiar en vos para que lo ayudes.
  6. Ayudalo a encontrar salidas ecológicas de la situación. Un ejemplo: si tu hijo viene enojado de la plaza porque se peleó con un amigo, podés consolarlo, ayudarlo a comprender lo que siente, y luego ver qué posibles salidas hay. «Qué se te ocurre que podrías hacer la próxima vez?» «Podés hablar con Fulanito y explicarle lo que sentiste».
  7. Esforzate en ser coherente. Aún dentro de las emociones «negativas», siempre hay alguna que nos cuesta más que otra. Pero a nuestro hijo sólo le dará confusión, si por ejemplo reaccionamos positivamente cuando se enoja, pero si se asusta le restamos importancia. De nuevo, esto implica que tomes contacto con lo que a vos te sucede con una u otra emoción.

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