Sobre el comienzo de clases y los «consejos para padres»

La reflexión de hoy no sigue el camino que había planteado de las 8 «B’s» de la Crianza Respetuosa. Pero también está relacionado, claro; los niños que hoy empiezan las clases fueron bebés en algún momento, y merecen tanto respeto en sus procesos como en esa época de sus vidas.
Escribo entonces, motivada por la publicación de este artículo. (Gracias a Alexandra, de http://psicologiaintegraluruguay.blogspot.com/, por compartirlo).
Alarmada, debería decir.
No tengo nada que decir sobre la formación o capacidad profesional de la colega que fue entrevistada para dicho artículo. Las credenciales son eso, certificados de haber leído/pensado/escrito/aprendido sobre ciertas teorías y prácticas. Pero me alarma su falta de empatía, siendo su «especialidad» los niños.
Además de usar un discurso típico de la profesión sin explicar lo que significa («defensa», «ambivalencia»), la profesional muestra un desprecio muy llamativo hacia los deseos y necesidades de niños y padres, y hacia la expresión emocional de los mismos.
El niño no «se defiende» llorando, ni manipula a los padres. El niño llora porque expresa su angustia al sentirse abandonado. Y el padre que valida esa angustia, y acepta ese llanto, y lo consuela, no es un malcriador, o un títere de su hijo. Es alguien que reconoce lo difícil de ese proceso, y lo acompaña lo mejor que puede.
Y tal vez sea cierto que actualmente la separación les cuesta más a los chicos. No lo sé; habría que hacer un estudio riguroso, no sólo dar afirmaciones basadas en prejuicios. Pero en vez de decir «un niño se acostumbra y sufre. Pero son las reglas de la vida.» yo me preguntaría por qué. Se supone que eso es lo que hacemos los psicólogos…
Y al preguntármelo, pienso: No será que antes «costaba menos» porque había mayor desconexión aún de las necesidades infantiles, y simplemente se los mandaba a la escuela porque era su deber? Todos vemos en las generaciones de adultos actuales, las consecuencias de la crianza rígida, con castigos, deberes y demás.
O por otro lado, esa separación que cuesta «demasiado», no se deberá a que, justamente, el niño sufrió una separación demasiado temprana (dormir solo en la cuna, pasear en cochecito, pasar sentado en el corral/andador/hamaca, ir a la guardería/jardín desde los 6 meses o antes, durante horas…), y por lo tanto aún no ha podido tramitar adecuadamente el pasaje de la dependencia a la independencia? En eso la profesional tiene razón: «Hay que ayudarlo a separarse«. Pero la manera de ayudarlo no es «una vez que se dan media vuelta no tienen que retroceder«. De esa forma, lo único que logramos es que el niño viva con miedo cada mañana la llegada a la escuela, y finalmente se «adapte», aprendiendo que nadie va a escuchar sus necesidades, que tiene que manejarse solo, y que eso está bien. A futuro, será seguramente un adulto inseguro, con dificultades para relacionarse empáticamente, egoísta, estancado en un gran hambre de amor. Les suena?

En nosotros está, como siempre, la responsabilidad de criar amorosa y respetuosamente. Tal vez estas nuevas generaciones puedan enseñarnos mucho sobre eso.

2 Comments

  1. Me encantó el artículos hay que difundir estas ideas.
    Felicitaciones.

    1. Gracias Silvana! Está disponible para compartirlo donde quieras 🙂

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