consumo responsable

Hoy fui al super

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Sí, ya sé, ir al super no es algo que merezca un post.
Pero es que por primera vez, sentí el placer de pasar por la góndola de pañales y toallitas femeninas… y seguir de largo.
En las últimas semanas, hemos hecho la transición a pañales de tela con Thiago, y yo empecé a usar la copa menstrual. Además, estamos explorando maneras para empezar a consumir alimentos orgánicos (aunque nos cuesta cambiar el chip, lo reconozco). El consumo sustentable y consciente se ha vuelto tema en la mesa. Estoy cocinando más, y nos preocupamos por traer verduras variadas de la feria.
Y no es que de golpe nos hayamos vuelto hippies militantes o miembros de greenpeace.
Creo que la maternidad me ha acercado a la tierra. Así de simple.
Parir y criar nos pone en contacto con la animalidad que nos queda, estoy segura, y está en nosotros aprovechar la oportunidad o no. De darnos cuenta que lo que hacemos, todos los días, no sólo influye en la salud «del planeta» -idea tan vaga que a veces nos juega la mala pasada de parecer poco importante-. También en nuestra propia salud emocional, física, energética…
Todos los días, varias veces al día, necesitamos nutrirnos. De comida y de amor. Se vuelve un sinsentido, para mí, criar con el mayor apego y cariño del que soy capaz, y no prepararle a Thiago una comida rica, saludable y variada, o no preocuparme por los kilos y kilos de desechos que tiro a la basura. Enseñarle a respetarnos como lo respetamos a él, y no a cuidar la tierra que pisa o el aire que respira.
No es casualidad que tradicionalmente, seamos las mujeres quienes sostenemos, alimentemos, criemos. Nuestra naturaleza cíclica y nuestra posibilidad de gestar nos mantiene más cerca de la Madre Tierra, mal que le pese a nuestras cabezas profesionales y eficientes.
Por supuesto, si además hay compañía en ese viaje, éste se vuelve mucho más disfrutable y potente en su capacidad de revolucionarlo todo. Pareja, familia, tribu… Todos pueden acompañar y ejercer su rol en este acontecimiento, y estar atentos al potencial transformador que tiene la llegada de cada niño en sus propias vidas.

3 Comments

  1. Qué lindo que la maternidad te haya conectado con ese costado que todos tenemos, más o menos dormido. Por casa también tratamos de ser lo más «sustentables» posibles. Tengo algo de estudios en nutrición naturista, así que intentamos comprar cero alimentos industrializados aunque cada tanto caemos. Me encantaría poder comprar todas las verduras y frutas que consumimos de manera orgánica pero lamentablemente la diferencia de precio es tan abismal que nos resulta imposible. Creo que lo más importante es tener conciencia y, desde nuestro humilde lugar, sumar lo que cada uno pueda. Beso! 🙂

    1. hola! gracias por tu comentario! es cierto, cambiar hacia una vida más orgánica cuesta dinero 🙁 pero por lo menos podemos ir haciendo pequeños cambios. me encantarían unas clases de nutrición naturista 😉
      como va ese pibito? ya falta poco no? a prepararse para la revolución que se viene…

  2. […] de todo esto se lo debo también, al hecho de haber abandonado las famosas toallitas y empezado a usar la copa menstrual. Ver la sangre, pura, vibrante, fue un antes y un después. Qué increíble adiestramiento ha […]

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